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Como exploradores – Viaje al centro de la noche

Para aprender a viajar como un gran explorador, nada como acercarse a alguien que ya lo es.

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Se llama Antonio Aguilar. Nació en Teruel. Comenzó a viajar siendo un niño, en las vacaciones con sus padres, primero por España y luego por el Sur de Francia. Nos lo cuenta en la introducción a su blog, en el que añade que tenía “una curiosidad enorme por saber qué había en la habitación contigua, en la casa del vecino, en el pueblo de al lado, al otro lado del muro…”

Ahora suele viajar solo, nos cuenta también: porque el viaje le da “consciencia, casi física, de una pequeña pero nueva” parte de sí.  Y con “poco peso en la espalda y un presupuesto irrisorio”, en sus propias palabras, ha recorrido Cachemira, Senegal, los valles sagrados del alto Himalaya, los bosques fronterizos de Laos-China, Mauritania, Tíbet, Irak… Y ha escuchado preguntas tan expresivas y descriptivas como las que leemos en una de sus últimas entradas: “¿En tu país hay animales como aquí? ¿Y estrellas? ¿Cómo coméis? ¿Y sois todos blancos? ¿Y si habláis tan raro cómo os entendéis?”

Le pido que me cuente algo más sobre sí mismo y me dice desde China  (donde está ahora, tras catorce meses de viaje por Asia, procurando estudiar las tradiciones antiguas de este país) que puedo añadir que ha: ” convivido  con tribus, guerrilleros, anacoretas…vivido en monasterios en el Himalaya o tekkés del desierto. Que me intereso por las corrientes místicas de cualquier cultura y por las antiguas escuelas de enseñanza. Y que suelo viajar con pocos medios (una vez uní Marruecos con Tombuctú con menos de cinco euros, por si vale la anécdota).

El blog se llama Historias de nuestro planeta y tiene su versión en Facebook. Para que luego digan que no sirven de nada los documentales de viajes de La 2.

Viaje al centro de la noche.RNE
Viajamos como exploradores (1)

 

 

“(…) Entre la incomodidad de la especie de cama en que dormía, y los tantos pensamientos en que me hallaba, tardé en que Morfeo me ganase la batalla. Lejos quedan los tiempos románticos en que los exploradores descubrían nuevas etnias, comunicándolos luego en los altos clubes de las capitales europeas, pero me cuestionaba qué es lo que buscamos con todo esto. Distante me hallo de hacer un análisis serio y detallado como el de Claude Lévi-Strauss del impacto cultural que acaba produciendo la mezcla de culturas, pero no dejo de preguntarme si es un mero afán de aventura, curiosidad, protagonismo, la ambición humana de tratar de comprender y explicarlo todo, o qué otra razón que puede que aquel baobab mágico tuviera la suerte de comunicar, la que nos mueve a seguir queriendo llegar hasta la última casa de este planeta, al último hogar, la última diéresis de un idioma o tipos de deidades divinizadas sobre el globo. Sería hipócrita reconocer que no siento un enorme interés por todas ellas pero ¿no son, acaso, más felices los habitantes de la tribu que hace poco se descubrió en la Amazonía, y que con flechas y cerbatanas repelían al helicóptero que les sobrevolaba, sin todo lo que el contacto con nosotros les puede acarrear?”

Antonio Aguilar.

historiasdenuestroplaneta.com

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