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Encantados – Viaje al centro de la noche

Viajamos, encantados. Y ya no distinguimos entre los hechizos y las maldiciones, revueltos como están en la caja de la que nos cuesta creer que Pandora recuperará la esperanza. Aún así, recogemos de madrugada las hojas de la mandrágora, añadimos canela a nuestros perfumes, revolvemos el azúcar en el café desafiando a la manecillas del reloj, observamos fijamente el sol que se pone por si aparece el rayo verde, nos ponemos cruces de Caravaca, manos de Fátima, Ojos turcos. Una lucha eterna contra los demonios de fuera pero también los de dentro. En el camino no nos han crecido dos coletas rubias tan largas que trepen por ellas salvadores enamorados. Y en lugar de esa piel rugosa de color verde que nos prometía la infundada posibilidad de alcanzar rango de realeza nos hemos convertido en transhumanos: nuestras experiencias pasan por las tecnologías más revolucionarias y estamos llenos de cables y enchufes y microchips y gafas que nos traducen la realidad. Que la amplían, dicen. Que la mejoran, dicen. Escribimos mensajes con imágenes y emoticonos, en lugar de pasear por la orilla del mar. Conversamos con quienes nunca están cerca, obligando a quienes podrían rozarnos con la punta de los dedos a estar en otro lado, estando al lado nuestro, conectados a su vez a otros que tampoco están cerca. Las palabras mágicas son ahora tonos y melodías procedentes de mundos que nos conectan con ordenadores que parecen organizarse y cobrar vida propia en cualquier lugar del planeta. Todo se ha convertido en una experiencia digital que ni huele ni sabe; que no sabemos cúanto va a durar, que no sospechamos aún cómo nos ha cambiado. Un encantamiento lento y sistemático, una suerte de laúdano para el cerebro, que aletarga tanto nuestros sentidos que no nos hace falta la experiencia de vivir para creer que estamos vivos. La inmortalidad que ya se apreciaba en el Poema de Gilgamesh: el verdadero grial, la fuente de la vida eterna. Viajamos encantados, sin sospechar que estamos cada vez más cerca de abandonar esta imagen falsa que hemos creado y que creemos que nos salva de nosotros mismos. Nuestra propia caricatura, Dédalo e Ícaro: La ciencia y el futuro, escribía Haldane en su ensayo. Más humanos que los propios humanos, post humanos, escuchando en el presente lo que nunca sabremos si sólo son los ecos de quienes fuimos o de quienes aún estamos a tiempo de no dejar de ser.

 

 

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Spirits, French for Rabbits (Spirits, Lefse Records)

Del multisiempre, Luis Felipe barrios y Matías Ávalos (Heterotopias, Librodisco de Intravagantes/ Ed. Evohé)

viajamos encantados

De Viaje al centro de la noche, el prpgrama de las madrugadas del finde en RNE

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