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Violética, con Nacho Vegas

Violética, con Nacho Vegas

El corazón helado

Ser árbol

Maldigo del alto cielo ( con Chritina Rosenvinge)

Las palabras mágicas

La voz tomada

LARA LÓPEZ (España)
Violética, de Nacho Vegas (España)
«“Va ganando el mal. Lo siento mucho, pero gana el mal”, nos dice un Nacho Vegas al que es imposible refutar, en la cumbia Todos contra el cielo de Violética, que es mi disco de 2018. Y lo es por diferentes razones, no todas musicales, siendo como es también un álbum que cubre un amplísimo registro de géneros que dialogan y se asumen y empastan con exquisita naturalidad. Un disco con el que se constata la expresión “obras son amores” que emana de cada canción de este CD en dos partes (triple vinilo), titulado con el nombre de la genial Violeta Parrallevado al paroxismo esdrújulo, en homenaje a la Mazúrquica Modérnica de la mucho más moderna aún artista chilena. Un homenaje que cristaliza en la impecable versión de su emblemático Maldigo del alto cielo, canción a modo de bisagra que Nacho ha querido grabar junto a la Premio Nacional de Música 2018, Christina Rosenvinge, otra gran artista en su mejor momento. El resultado es que una de las canciones más poderosas de la polifacética Parra, se erige en heredera de la magia Omega alcanzada por el equipo de titulares más poderoso de las últimas décadas en la escena nacional: Morente/Arias (apoyados en otro binomio ganador, Cohen/Lorca), al que se añaden Vegas y Rosenvinge, refrendados por músicos como Abraham Boba, César Verdú o el productor Paco Loco. El calado de Violeta en la obra de Nacho Vegas es mucho más profundo y vertebrador de lo que quizá se ha percibido en nuestro país, algo que se ha sabido apreciar, por supuesto, en Chile y el resto de Latinoamérica. Es mucho más que un guiño proponer de entrada, en la portada, un retrato púrpura con el rostro de la chilena, cuyo centenario se celebró durante 2017. En el museo Violeta Parra de Santiago, la tela bordada denominada Árbol de la vida, de 1963, inspira el Bosque Sonoro a través de cuyos troncos los visitantes pueden escuchar las canciones de Violeta. En Ser árbol, segundo tema del disco y uno de los dos interpretados con la contribución vocal de María Rodés, Nacho parece desdibujar los límites del terreno desde el que nos habla. “Ocurrió algo espectacular/ fuimos poco a poco elevándonos/ y exactamente a la vez/ nos hundimos en la tierra más y más/ y así llegó el instante en que ya éramos pequeños gigantes/y nuestras copas apuntaban justo al cielo/crecieron raíces bajo un fértil suelo”. Y es desde ese espacio sin límites desde el que se empieza a percibir al propio Nacho Vegas con una actitud de artista total, a lo Violeta. No es cualquier compromiso: mientras recorría el campo chileno, se fraguó en Violeta la conciencia social que arrastraría a los Parra (comenzando por su hermano Nicanor y alcanzando a la generación de su hija Isabel o su nieta Tita), que chocó a veces con su propia exigencia creativa, la misma que la llevaría a París dejando a sus hijos, pequeños, en Chile. Que uno de ellos falleciera puso en evidencia una de esas contradicciones que marcan tanto la vida personal, como un proyecto artístico irrenunciable. En Violética aparecen los dos Nachos, indistintamente, se contagian y conversan. Sin aspavientos, sin distancia, con la sabiduría de los años, con la perspectiva de la mirada crítica y sin rencor de quien sabe que está en el sitio al que pertenece, sin tener que justificar sus creencias. Ese es el Nacho de (Pasamos) El Negrón,con juegos vocales que remiten al mejor Battiatto, que en Aida se convierten en himno. La revolución se canta. Como “pequeños gigantes” nos describe a todos Nacho Vegas en este disco. No solos, ni ajenos, como muestra en canciones como Ideología (“ideología en la Semana Santa y en la Semana del Hogar”); en Desborde (“una fuerza animal, una canción coral”) o en Las palabras mágicas, donde describe su esperanzada posición claramente: “Y si tenemos que gritar/ solos en medio del océano/ pues empecemos a gritar/ hasta que se nos una muchos más/ y seamos multitud/ y poblemos este océano”. En Violética hay denuncia, crónica, ensayo, crítica social. Discurso. Casi sin pretenderlo y sin otra pretensión que la de seguir caminando unidos. Y hay humor, impagable en La última atrocidad, con Cristina Martínez (de El Columpio Asesino), con la que cierra el juego de dúos con voces femeninas. Violética es un disco enorme, en el que se aligeran distancias y se marcan referentes. A la altura de la grandeza de las canciones de la mujer que rompió con la tradición y salió al campo a recopilar canciones, como había hecho en Europa Béla Bártok, tan respetado ahora como en su tiempo. Con menos repercusión, Violeta Parra rompió moldes y costumbres, cantando sus pasiones con la misma firmeza con la que luchaba, sacando la cara por las mujeres (y viudas) de los mineros en Arriba quemando el sol, cuya versión saldrá en el EP a modo de coda que Nacho Vegas está registrando estos días, en el que seguirá homenajeando su cancionero-memoria. Así, con la humildad de escoger la figura de una artista interpuesta, el animal político y artístico que lleva dentro Nacho Vegas, nos reclama sin otra herramienta que la auto exigencia, y nos seduce en Violética sin otro idioma que no sea el suyo. La verdad desnuda convertida en canción».

 

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