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Charlando con Guadalupe Nettel (El coloquio de los perros)
GUADALUPE NETTEL
La otra, la misma


Lara López


     
Nacida en Ciudad México (1973), Guadalupe Nettel es autora de los libros de cuentos Juegos de artificio y Les jours fósiles. En 1992 obtuvo el Prix de Me Meilleure Nouvelle en Langue Française para países no francófonos de Radio France Internacional. Colabora desde hace años en suplementos literarios francófonos o hispanoparlantes como Lateral, Paréntesis, La Jornada semanal, L´atelier du roman, L´inconvénient. En España —también se publicó en Francia— ha publicado la novela El huésped (Anagrama, 2006), que quedó en tercer lugar en el Premio Herralde de Novela 2005.
     Su paso por el festival cartagenero La Mar de Letras no dejó indiferente al auditorio que escuchaba esta entrevista pública con suma curiosidad.

 


Guadalupe Nettel: la otra, la misma     —EL COLOQUIO DE LOS PERROS: Guadalupe, ¿qué es El huésped?

     —GUADALUPE NETTEL: El huésped es una historia de desdoblamiento. Quería dejar claro desde el principio que el desdoblamiento era una tradición literaria que siempre me interesó. Se puede rastrear desde los principios de la literatura y en muy diferentes culturas. Como todos los arquetipos habla de algo muy profundo de los seres humanos. Todos sentimos de alguna manera que tenemos otros seres dentro, por eso digo que mi novela es un poco de terror. Además, a mí me gusta ese género, pero también digo que es de terror porque nos asusta eso que sabemos que tenemos dentro y que ni siquiera queremos ver. Nos la pasamos intentando enmascarar personalidades para que esa cosa que sentimos ahí dentro nunca se manifieste.

     —ECP: ¿Cómo y cuándo se gesta esta novela?

     —GN: Empecé a pensar en esta novela en 1994, cuando sucedió algo muy importante para la historia moderna de nuestro país, que fue el levantamiento zapatista. Primero me impactó muchísimo que una guerrilla se hubiera fraguado durante diez años y que nadie lo supiera o que casi nadie hubiera hablado de esto y que de repente saliera a la luz con tanta fuerza. Algo que era subterráneo apareció de repente en la realidad. Este fue el detonador de esta historia. Empecé a pensar la novela en ese momento. Y lo pude asociar a la obsesión por el desdoblamiento que antes contaba. Quizá por eso la novela tiene dos partes: una parte intimista y otra parte más social, que habla de la ciudad de México, del metro, de los mendigos, de los seres del inframundo.

     —ECP: ¿Por qué vives en México?

     —GN: Porque es una manera de convivir con la miseria.

     —ECP: Claro, y con la miseria está nuestro verdadero yo, ¿no? Lo sublime y lo mísero. Somos eso. Esa idea esté en tu novela.

"El huésped" de Guadalupe Nettel     —GN: Lo que me estimuló a escribir esto fue que justamente en las cosas que más nos aterran y menos nos atrevemos a ver está lo que constituye nuestra verdadera belleza, lo que nos hace absolutamente únicos. Una parte del doble se une, y vivir esto me ayudó a escribir la novela. Algo de eso pasó también en el 94. Cuando estalla el movimiento zapatista nosotros nos encontramos con una parte de nuestro país, con una trayectoria de nuestra identidad que durante años la gran mayoría de la gente habíamos negado. Eso nos dio muchísima fuerza como país. Y el personaje de la novela precisamente se pasa la vida combatiendo a ese ser que no quiere ser y que al final acaba por asumir de una manera muy diferente a la que él se imaginaba.

     —ECP: ¿Existe una fórmula mágica para escribir una buena historia?

     —GN: Pues dímela tú.

     —ECP: Pero, por ejemplo, para poder contar bien la historia de un personaje, ¿es necesario que se cuente sólo una parte de él o toda?

     —GN: Yo no buscaba que el lector se sintiese identificado con el protagonista, pero una se da cuenta de que cuando alguien es auténtico y dice cosas realmente genuinas todo el mundo se siente identificado, porque no somos muy diferentes unos seres humanos de otros. Tenemos algo que nos caracteriza y que nos vuelve únicos, pero también tenemos muchísimas cosas que nos unen.

     —ECP: Nosotros vivimos una cultura dominada por el cine. Vamos a ver una película y cuando salimos del cine queremos ser como el protagonista. Con la literatura, sin embargo, no pasa eso. No tienes por qué identificarte con el personaje.

     —GN: Claro. Yo creo que muy poca gente querría identificarse con el protagonista de mi novela. A mí me gustan los personajes que son un poco outsiders, freakies de alguna manera, y yo les encuentro muchísima belleza, pero hay personas que no se la encuentran.

     —ECP: Hay una manera de hacer literatura desde el sitio más incómodo, que es la que has escogido, pero tampoco sé por qué. ¿Dónde están tus referentes literarios y culturales que te llevan a fijarte en el freakie, en el outsider?

     —GN: El autor que realmente me deslumbró cuando era muy chica fue Edgar Allan Poe. El corazón delator y otras historias maravillosas me llamaron muchísimo la atención y creo que me dejaron huella. La literatura fantástica me encanta y también sus diferentes ramas. Por ejemplo, la germana y la latinoamericana. Julio Cortázar me marcó seguro como persona, no sé si como escritora… Me atrae mucho "Lesa frontera entre lo imposible y lo real. Me gustaría ser clasificada dentro de la familia de los escritores fantásticos… Hay también una novela de Juan José Millás que me influyó, titulada Tonto, muerto, bastardo e invisible. Esta novela de Millás está relacionada con El huésped.

     —ECP: Cuando acabas de escribir una historia, ¿hay cosas que no has contado, que de repente descubres?

     —GN: Siempre digo que esta novela habla de un parásito interno. Hablo de ello en la primera página. Pues este parásito me parasitó completamente. Es una novela que habla del autoboicot… Yo incurro en el autoboicot […] También hay gente que se me acerca y me dice que se identificó mucho porque tienen una enfermedad crónica y para ellos “la cosa” es esa enfermedad. O gente que vive con un hermano gemelo y… La gente lo interpreta de mil maneras distintas […] Me han pasado cosas muy extrañas después de la publicación del libro. Por ejemplo, en la rueda de prensa que se hizo conocí a un chico con el que ahora vivo. Él se llama Gastón y un día se me ocurrió averiguar qué significaba su nombre y viene del germano ‘gast’ (huésped). Entonces, mi pareja es el huésped, ¡vivo con el huésped!

     —ECP: ¿Qué pasa cuando has acabado una novela y tienes que enfrentarte a otra? En tu caso, tienes dos novelas en mente, no una.

     —GN: Bueno, yo he escrito muy poco y cuando conocí a mi editor le dije «mira, no pienso escribir más de cinco libros en mi vida». Realmente no tengo una aspiración de escritora prolífica. Luego también hay épocas en que no tengo ninguna historia en mi cabeza, ni siquiera una idea, y entonces intento escribir diario o suelto rienda por los e-mails… Y ahora tengo dos novelas en mi cabeza que no sé qué va a pasar con ellas, no sé si alguna de ellas va a terminar… Es muy pronto para decirlo.

     —ECP: Bárbara Jacobs me ha comentado que la magia, a la hora de escribir, es muy importante, que hay que aprovechar ese cúmulo de casualidades mágicas que se te pueden presentar en un momento dado. Ahora estamos en La Mar de Letras, un festival dedicado a México, tu país, y os han convocado aquí a muchísimos escritores paisanos tuyos, incluso algunos de vosotros no os conoceríais. Estos días de La Mar de Letras, ¿de qué habláis cuando coméis, cuando estáis de fiesta?

     —GN: Me siento muy honrada de estar aquí rodeada de personalidades tan grandes de la literatura mexicana, gente a la que yo he admirado muchísimo. Aprendo viéndolos hablar en sus intervenciones. Respecto a lo de la magia, yo también creo en ella y creo que es importante estar abierto a ella, tener los sentidos alerta. Porque la magia está todo el tiempo, lo que pasa es que a veces estamos tan metidos en Cartel del festival que alberga La Mar de Letrasalgo que no nos detenemos a ver qué es lo que pasa a nuestro alrededor. A veces pasa una historia y la retienes, pero como la dejes escapar, esa idea para escribir ya no vuelve. Por eso yo apunto mucho, porque no tengo disciplina. Admiro mucho a esos escritores que se sientan en su casa a las seis de la mañana y escriben tantas horas al día. Yo no puedo hacer eso. No me sale. Y lo he intentado, pero no puedo. Lo que hago es llevar una libreta. El huésped se escribió así: en las paradas del autobús, en el andén del metro, en el tren, en los cafés… Claro, el peligro es que tú puedes apuntar muchas ideas en tu libreta, pero si luego no te pones a darles una vida, darles una identidad, desarrollarlas y terminarlas, se echan a perder.

     —ECP: Ahora vives en Barcelona y antes en París. ¿Cómo ves México desde que vives en Europa?

     —GN: Ideé El huésped, como te dije, en el 94, pero no empezó a vivir esa novela hasta que no salí de México, que fue algo muy sano. Era más fácil hacer ficción con algo que ya no sólo no era realidad, sino que era un recuerdo […] No creo que deje de escribir sobre México, porque una de las dos historias que llevo en la cabeza está desarrollada en Ciudad de México. Sueño todavía con México, allí vive mi familia, voy a menudo y estoy en contacto continuo con mi país.

     —ECP: ¿Y no deseas volver para siempre?

     —GN: Me han pasado todas las ideas posibles sobre México, desde la de «¡nunca más regresaré!» hasta el «ya me regreso mañana». Cada día es distinto, pero es intenso.

     —ECP: ¿Cómo crees que se ha visto México en estos días de La Mar de Letras? ¿Crees que ha habido una visión parcial o una exposición general bien escogida?

     —GN: Creo que esta convocatoria ha sido muy representativa. De todas maneras, para profundizar en la literatura mexicana, lo que hay que hacer es leer a los autores que vinieron, que su obra, que es de una diversidad enorme, se extienda a través de la lectura de sus libros y no de su presencia mediática. Han llegado escritores muy diferentes. Por ejemplo, Alberto Rui Sánchez da una visión de la realidad radicalmente distinta de la que da Daniel Sada y las dos son totalmente mexicanas.

     —ECP: ¿Y en España, en Barcelona? ¿Cómo te llevas con una ciudad con puerto? Hay un trasfondo literario muy importante en Barcelona.

     —GN: A mí el mar me encanta. Si me fui a Barcelona y no a Madrid es porque el mar está allí. Aunque en Barcelona se puede vivir perfectamente como si no existiese el mar, para mí es un privilegio vivir en una ciudad con mar. Voy semanalmente como un ritual […] La relación con España también ha sido muy intensa. Viví cinco años y medio en Francia antes de llegar a España y me encontraba perfecto como latinoamericana, me sentía bien. Estaban los franceses, estábamos nosotros y ya, pero de repente llegar a España sí es una experiencia muy fuerte, hay un shock, porque aquí ya las identidades se mezclan de alguna manera. Somos parte de España y no somos parte de España, hemos reaccionado contra España y también aquí hay gente que ha reaccionado contra Hispanoamérica. Una se encuentra con todo tipo de París fomenta la creación literariacomentarios, desde «qué bien, mi familia fueron exiliados republicanos en México» hasta «¡maldita sudaca, qué haces viviendo aquí!». Es una experiencia fortísima vivir en España como latinoamericano. Y ocurre lo mismo cuando los españoles van a América Latina, porque sí hay como esa parte del horror ante el espejo que comentaba antes, es ver al otro, que a su vez es parte de uno mismo, que nos asusta. Pero, bueno, vale la pena conocerse de ambos lados.

     —ECP: Y para moverse como escritor, habrá una manera distinta de moverse entre Francia y España.

     —GN: Sí. París es una ciudad que permite mucho la introspección, de hecho la fomenta. Se vive muy solo. Allí aprendí a disfrutar la soledad, me enganché a la soledad. Vivir con gente luego fue mucho más difícil […] París es una ciudad muy literaria, todos sus rincones respiran literatura. Sólo estar en los cementerios es una manera de estar en una biblioteca. Vas viendo tumbas y pensando en la obra y en la vida de los que estuvieron ahí. París fomenta la creación literaria.

     —ECP: ¿Cómo te ves en el marco histórico-socio-cultural de tu generación?

     —GN: Estoy en una edad de tener hijos, pero mi generación quiere postergar ese momento todo el tiempo que pueda. Somos una generación que se niega a crecer. No sé hasta qué punto eso es sano, porque pienso en la vida de mi madre, por ejemplo, que a mi edad tenía ya dos hijos, comprado un piso, tenía el mismo trabajo que tiene ahora y tenía muchísima más responsabilidad. Mi generación le rehuye mucho a la responsabilidad. No sé la siguiente si lo hará.

     —ECP: Bueno, pero eso hace también que los cambios en la situación de las generaciones cambie el tipo de literatura. Ahora se da una literatura mucho más breve. Están las nuevas tecnologías, los blogs… ¿Cómo crees que va a caminar la literatura en un futuro próximo?

     —GN: No leo muchos blogs todavía, me siento bastante extraña ante este fenómeno. Tampoco creo que la literatura se esté volviendo más breve. Por ejemplo, el cuento es un género muy difícil de publicar. La gente, si tan poco tiempo tiene, podría subirse al metro y en el trayecto de una parada a otra leer un cuento, pero no, esa gente, es decir, la mayoría, prefiere leer una novela extensa. Los libros que más se han leído este año, los que más gustan a la gente en general, son así. Pienso que lo de la brevedad tiene que ver más con el escritor que con la sociedad o con las generaciones. Tengo amigos que cuando les comento lo que estoy leyendo me dicen: «¿Apenas estás leyendo eso?». Ahora estoy con Los detectives salvajes de Bolaño, y se publicó en 1998. Lo estoy disfrutando mucho. La verdad es que leo bastante lento. Hay quien lee cinco libros a la semana. Yo no disfruto leyendo así. Entonces, trato de seleccionar muy bien lo que leo.

 

Chiapas, 1994: el embrión de "El huésped"

 

 EL COLOQUIO DE LOS PERROS
Revista de Literatura y Cultura
http://www.elcoloquiodelosperros.net

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